25 abr. 2007

Religión y falacia Ad Ignorantiam

Un argumentum ad ignorantiam es aquel que pretende demostrar la veracidad o falsedad de una proposición en base a la ignorancia sobre la misma. Por ejemplo:

No se ha demostrado que dios no exista, por tanto, dios existe.

Es cierto que los ateos caeríamos también en esta falacia al decir:

No se ha demostrado que dios exista, por tanto, dios no existe.

Sin embargo existen notables diferencias entre ambos razonamientos:

Lo primero es que es imposible demostrar científicamente la inexistencia de algo. Por ejemplo, nadie puede demostrar que no existen “Los Pitufos”, pues no podemos observar simultáneamente todos los rincones del universo. Sin embargo, sabemos que lo más probable es que no existan, pues son una ficción creada por la mente humana sin ninguna base observable y cuantificable. Del mismo modo, existen infinitos seres y objetos cuya inexistencia no podemos demostrar, como el “Monstruo de Espagueti Volador”, la “Tetera de Russell” o la “Unicornio Rosa Invisible”. Sin embargo, ante estos seres y objetos no mantenemos una posición agnóstica (no posicionarse sobre su existencia por falta de conocimiento) ni mucho menos creyente. Sin embargo con dios no sucede esto, y si lo hacemos así en base a que en dios cree mucha gente y en los otros seres y objetos nadie, no hacemos otra cosa que caer en la falacia ad populum.

Lo segundo, es que en la falacia ad ignorantiam emitida por los teístas, se rompe el principio Probat qui dicit, non qui negat, es decir, in­cumbe la prueba al que afirma, no al que niega. Se cae por tanto en la falacia de eludir la carga de la prueba, que consiste en no aportar pruebas o argumentos que sostengan una afirmación y/o pretender que el oponente aporte pruebas de la falsedad de dicha proposición. Esto es como si yo ahora digo “todas las personas tienen un punto microscópico e invisible en el interior del cerebro con el cual nos controla una civilización extraterrestre formada por patatas fritas con patines”. “Estas loco” me diría la gente, incluso los teístas. A lo que yo respondería “Mientras no demostréis que es mentira, tendreis que aceptar la veracidad de mi afirmación”. Ridículo ¿Verdad? Pues eso.

Respecto a este tema, os recomiendo fervientemente el siguiente enlace al artículo:
Demostración matemática de la inexistencia de dios.
Powered by WebRing.

La iglesia estuvo allí

La iglesia estuvo allí
Estuvo allí